viernes, 6 de abril de 2018

La mantis Orquídea (Hymenopus coronatus)


En comparación con el ser humano, la mantis es un insecto muy antiguo, llevan en la tierra unos 30 millones de años más que nosotros. Ésta mantis en concreto, la mantis orquídea (Hymenopus coronatus) vive en los bosques donde crecen las flores llamadas orquídeas, en Malasia, Indonesia, Tailandia, Birmania y Sumatra. Con sus anchos pliegues en forma de pétalo y sus asombrosos colores, esta mantis parece una de las orquídeas entre las cuales se esconde, lo que hace que tenga el disfraz perfecto para que los depredadores, como aves y lagartos, crean que se trata de una orquídea más y la dejen tranquila.


Esta mantis es como una trampa mortal, quedándose muy quieta esperando a que pase una víctima. Su único movimiento consiste en balancearse suavemente como si fuese una flor mecida por el viento, haciendo así que cualquier insecto que se pose en la orquídea para alimentarse de su néctar sea atacado por la mantis, extendiendo velozmente sus patas delanteras y atrapando a la víctima, ensartandola con sus garras y las afiladas púas de sus patas para impedir que pueda escapar.

La mantis se come viva a su presa, cortando trozos de carne con sus afiladas mandíbulas y masticándolos hasta triturarlos para poderlos tragar. Este insecto carnívoro tiene buen apetito y consume todas las partes blandas y jugosas de la víctima, pero no las partes duras como las patas y alas. Una vez la mantis ha terminado de comer, se limpia cuidadosamente cada púa de las patas, y se prepara para engañar a su próxima víctima.



Existen algunas diferencias entre los machos y las hembras, por ejemplo, la hembra dobla en tamaño al macho, aunque ella no es tan ágil volando cómo lo es el macho, otra diferencia está en el color de las alas, mientras que las de la hembra son de un color pálido, las del macho son transparentes.




Como otras mantis religiosas, éstas son seres solitarios excepto en la época de reproducción, momento en el cual el macho y la hembra se buscan para reproducirse, si hay varios machos cerca de una hembra, estos pelean y sólo uno de ellos logra reproducirse. Una vez ha terminado el apareamiento, la hembra se come al macho.






Los huevos de la mantis de las orquídeas se desarrollan en el interior del cuerpo de su madre,que después los deposita en una espuma. De tres a seis meses más tarde salen las crías, que de un color rojo vivo, fingen ser hormigas picadoras (Formicidae) para confundir a los depredadores. A medida que van creciendo, realizan la muda (cambio de piel) varias veces.








CURIOSIDAD

La mantis de las orquídeas no persigue a su presa, por lo que ha desarrollado otras maneras de detectar a posibles víctimas. Con sus ojos redondos y grandes que sobresalen a ambos lados de su cabeza, la mantis puede ver en todas las direcciones sin necesidad de darse la vuelta. Su cuello es tan flexible, que puede girar la cabeza para verlo todo.


Las mariquitas


La mariquita, un tipo de escarabajo, suele ser de color rojo, amarillo o negro, con topos o rayas de uno de esos colores. El número de topos varía mucho, una especie puede tener uno solo, mientras que en otras pueden contarse hasta 10. La mariquita de siete puntos (Coccinella septempunctata) es la más común en Europa.
Los colores brillantes y las manchas de la mariquitas son un recurso de la naturaleza para advertir a los depredadores de que se mantengan alejados. La mariquita no es comestible, no solo despide un olor desagradable, sino que su sabor es repulsivo. 
Los topos negros de las mariquitas sirven para captar el calor del sol, que les aporta un suplemento energético. Las que habitan en lugares fríos tienen más topos, con el fin de almacenar más calor.


En caso de verse atacada, expulsa un líquido pegajoso que empapa la boca y las antenas del depredador. Cuando se siente amenazada, esconde las patas y antenas bajo los élitros (alas anteriores, modificadas por endurecimiento).

Como muchos otros escarabajos, la mariquita puede volar. Sus alas están protegidas por unas "fundas" muy duras que cubren su espalda (élitros). Si los recursos alimentarios escasean o el tiempo empeora, la mariquita puede recorrer grandes distancias hasta encontrar un lugar mejor.



La mariquita está siempre hambrienta. Su plato favorito son los áfidos (aphididae), especialmente los pulgones verdes (mybus). Estos pequeños insectos forman grandes colonias en las plantas absorbiendo su savia y matándolas lentamente. Cuando la mariquita ataca los pequeños e indefensos pulgones son atacados en masa.
Utilizar mariquitas para combatir a los pulgones es mucho más seguro para la tierra que recurrir a productos químicos tóxicos.




La mariquita hembra pone sus huevos de color amarillo-naranja en lotes de 100 a 200. Los deposita en la parte inferior de las hojas o las hendiduras de los tallos de las plantas más frecuentadas por el pulgón. Mientras pone los huevos, segrega una materia pegajosa que sujeta los huevos a la planta. Cuando éstos se abren, entre 5 y 8 días después, las crías hambrientas están rodeadas de comida, por lo que se lanzan rápidamente a comer.









Durante el verano, la mariquita vive y caza sola. Pero a medida que se aproxima el invierno, se une a otras para protegerse del frío. Se juntan cientas bajo las cortezas y permanecen allí hasta la primavera.





¡CURIOSIDAD!

Algunas personas creen que las mariquitas tienen poderes especiales. Por ejemplo, en el sur de Francia se cree que si una mariquita se posa sobre un joven, significa que se va a casar, y si una chica quiere saber cuándo se casará, tiene que poner una mariquita en su dedo índice y empezar a contar. El número al que ha llegado cuando la mariquita echa a volar es el número de años que tardará en contraer matrimonio. En Suecia se la considera mensajera y portadora de las mejores noticias y el éxito en el amor y la salud. Según otra creencia en varios lugares del mundo, si una mariquita aterriza en la mano de una mujer recién casada, dependiendo del número de puntos de la mariquita, éstos serán los hijos que tendrá, o los meses felices de la relación.
En 1800 se utilizaba a las mariquitas para curar el sarampión.